Trastornos del estado de ánimo
Falta de sueño afecta sentimientos de los niños
Privarles de una sola siesta diaria causa ansiedad, menos alegría e interés, y baja capacidad de resolución de problemas.
Los niños pequeños que se saltan las siestas diurnas podrían estar en mayor riesgo de trastornos del estado de ánimo más adelante en la vida, indica un estudio reciente.
Saltarse una siesta diurna podría hacer más difícil que los niños pequeños aprovechen del todo las experiencias emocionales e interesantes y que se adapten a nuevas frustraciones.
"Igual que una buena nutrición, el sueño adecuado es una necesidad básica que da a los niños la mejor oportunidad de obtener lo más importante de las personas y las cosas que experimentan cada día", señaló la líder del estudio Monique LeBourgeois, profesora asistente del departamento de fisiología integradora de la Universidad de Colorado, en Boulder.
Bajos de alegría e interés
Los investigadores observaron a niños pequeños de 30 a 36 meses de edad, y hallaron que privarles de una sola siesta diaria resultaba en más ansiedad, niveles más bajos de alegría e interés, y menores capacidades de resolución de problemas.
"Muchos niños pequeños de hoy día no duermen lo suficiente, y para ellos, las siestas diurnas son una forma de asegurar que sus 'tanques de sueño' estén llenos cada día", señaló LeBourgeois.
"Este estudio muestra que la falta de sueño en la forma de saltarse las siestas afecta la forma en que los bebés expresan distintos sentimientos, y con el tiempo podría conformar sus cerebros emocionales en desarrollo y ponerlos en riesgo de problemas relacionados con el estado de ánimo para toda la vida", explicó.
Detalles de la investigación
Según el estudio que aparece en línea y en una próxima edición impresa de la revista Journal of Sleep Research, los investigadores grabaron en video las expresiones emocionales de los niños pequeños mientras trabajaban en rompecabezas de imágenes solubles e insolubles en dos días distintos.
Un día, la prueba se llevó a cabo una hora después de que los niños pequeños hicieran su siesta diurna normal de 90 minutos.
Otro día, a los niños se les privó de sus siestas, y recibieron la prueba una hora después de su hora normal de siesta.
Metodología
Cuando les privaron de la siesta, los niños experimentaron un descenso de 34 por ciento en las respuestas emocionales positivas tras completar los rompecabezas solubles, un aumento de 31 por ciento en las respuestas emocionales negativas cuando no pudieron completar los rompecabezas insolubles, y una reducción de 39 por ciento en la expresión de confusión cuando intentaban completar los rompecabezas insolubles.
"La confusión no es mala. Es una emoción compleja que muestra que el niño sabe que algo no sale bien", anotó LeBourgeois.
"Cuando los niños que han dormido bien experimentan confusión, son más propensos a buscar ayuda de los demás, que es una respuesta positiva y adaptativa que indica que están cognitivamente involucrados en su mundo".
Continuarán las dificultades
No se puede suponer simplemente que los problemas de sueño del bebé son normales y esperar que pasen pronto, puntualizas otro estudio publicado en la revista Pediatrics.
Este halló que los bebés con problemas de sueño son varias veces más propensos a seguir teniendo dificultades para dormir en la niñez, comparado con los bebés con buen descanso.
No es normal
Investigadores del Centro Médico del Hospital de Niños de Cincinnati hallaron que uno de cada 10 menores de 3 años tiene problemas de sueño como pesadillas, despertares, dificultad para quedarse dormido o incapacidad de dormir en su propia cama, resultados que se encuentran en el rango de otros estudios.
"Muchas veces el mensaje es, 'No se preocupe, esto es típico y mejorará'", dijo Kelly Byars, psicóloga pediátrica autora del nuevo estudio.
Pero su equipo descubrió, y otros expertos coinciden, en que esto frecuentemente no es normal.
Persisten por años
Los problemas del sueño "definitivamente empiezan temprano y (los investigadores) mostraron que persisten por años", dijo Lisa Meltzer, especialista en sueño infantil de National Jewish Health en Colorado, quien no participó del estudio.
"Los niños no superan solos los problemas de sueño y sus datos muestran esto bastante claramente", agregó Meltzer.
Encuesta
Los investigadores encuestaron a más de 250 madres sobre las conductas de sueño de sus hijos cuando tenían 6, 12, 24 y 36 meses de vida.
Si los chicos comenzaban sin problemas de sueño, eran buenas las posibilidades de que nunca aparecieran, reveló el estudio.
Pero entre 21 y 35 de cada 100 niños con un problema de sueño continuaron teniéndolo más adelante.
Problemas cambiantes
El equipo también halló que los tipos de problemas de sueño cambiaban a medida que los niños crecían.
Cuando los pequeños tenían menos de 2 años, los problemas más comunes informados incluían dificultad para dormirse y permanecer dormidos.
A los 3 años, los niños tenían con más frecuencia pesadillas y sobresaltos durante el sueño.
Rutinas y horario
Mientras que los trastornos formales del sueño son considerados médicamente más graves, Byars dijo que los problemas para dormir pueden tener un impacto sobre el humor, la atención, el aprendizaje y el desarrollo de los niños, sin mencionar la falta de descanso en los padres.
"El sueño tiene que ser una prioridad para toda la familia. Los padres deben tener rutinas y horarios de sueño y de despertar consistentes.
"La investigación ha demostrado que todas estas cosas son muy importantes", dijo Meltzer.
Rutina placentera
Un niño pequeño dormirá con mayor frecuencia durante 12 a 14 horas al día.
Alrededor de los 18 meses, los niños sólo necesitan una siesta cada día, pero ésta no debe ser cerca a la hora de acostarse.
Procure que la rutina a la hora de acostarse sea constante y placentera.
Mantenga las actividades como bañarse, cepillarse los dientes, leer cuentos, rezar, etc. en el mismo orden cada noche.
Escoja actividades que sean tranquilizadoras como tomar un baño, leer u dar un masaje suave.
Mantenga la rutina hasta una cantidad de tiempo establecida cada noche.
Apagar las luces
Déle al niño un aviso cuando ya casi sea el momento de apagar las luces y dormirse.
Un muñeco de peluche o una cobija especial pueden darle al niño alguna seguridad después de que se apagan las luces.
Antes de apagar la luz, pregúntele si necesita algo más. Satisfacer una petición simple está bien. Una vez que se haya cerrado la puerta, es mejor ignorar peticiones posteriores.
Reglas
Establezca una regla de que el niño no puede salir de su alcoba.
Si el niño comienza a gritar, cierre la puerta del cuarto y dígale "lo siento, pero tengo que cerrar la puerta. La abriré cuando estés calmado."
Si el niño sale de su cuarto, evite discusiones.
Usando un buen contacto visual, dígale que le abrirá la puerta de nuevo cuando esté en la cama.
Si el niño dice que ya está acostado, abra la puerta.
Aprender a calmarse
Si el niño trata de subirse a su cama durante la noche, regréselo a la cama tan pronto como se note su presencia, a menos que tenga miedo.
Evite dar sermones o tener con él conversaciones tiernas.
Si el niño simplemente no puede conciliar el sueño, aconséjele que lea o mire libros en su cuarto y que no interrumpa el sueño de los demás miembros de la familia.
Elogie al niño por aprender a calmarse y quedarse dormido solo.
Imponderables
Recuerde que los hábitos a la hora de dormir se pueden interrumpir por cambios o estrés como mudarse a una nueva casa o la llegada de un nuevo hermano o hermana.
Puede llevar tiempo restablecer las prácticas previas a la hora de acostarse.
Caillou, mejor que el frenético Bob Esponja
El estudio dirigido por una psicóloga de la Universidad de Virginia obtiene pruebas objetivas sobre la reacción a ambas series.
Las series de ritmo desenfrenado afectan temporalmente a la capacidad de aprendizaje y atención de los niños, por lo que se desaconsejan antes de ir al colegio o de alguna actividad que exija concentración.Hay estudios científicos de todo tipo, algunos sobre cuestiones triviales... o no.
Como el que ha conducido la psicóloga Angelina Lillard, de la Universidad de Virgina (Estados Unidos), y que aparece en el número 128 de la revista Pediatrics bajo el título "El impacto inmediato de diferentes tipos de televisión sobre la función ejecutiva de niños pequeños".
Héroes infantiles muy distintos
Presentemos primero, para los no iniciados, a los protagonistas del estudio, dos series de dibujos animados que emite en España la cadena Clan.
Bob Esponja (serie estadounidense) narra las aventuras de una esponja vulgar y corriente (eso sí, "el mejor amigo que puedes tener", todo ingenuidad y ninguna malicia, y también un gran pelmazo) en un fondo del mar donde convive con su amigo Patricio, su vecino Calamardo, su amiga "de secano" Arenita y su jefe, el explotador Sr. Cangrejo.
Plantea conflictos que en muchos casos recuerdan problemáticas adultas bajo el ropaje de un entorno infantil como es el de los dibujos animados.
Las historias que le pasan a este conjunto de personajes suelen rozar lo surrealista, lo cínico, lo desmadrado.
Gritos contra vida apasible
Caillou (serie canadiense) es un niño de 4 años que vive en su casa con su hermana Rosie y sus padres. En rigor, en las historias de Caillou no pasa nada.
Son sencillos avatares de la vida cotidiana que van permitiendo al niño descubrir las pequeñas lecciones de la existencia, siempre con un contenido didáctico y moralizante.
Lo que en Bob Esponja son gritos y ritmo trepidante, en Caillou es vida apacible y reflexiva.
Crítica social vs. socialización
Lo que en aquella serie hay de crítica social, en ésta lo hay de enseñanza de principios básicos de socialización.
Lo que en la esponja es un mundo donde no hay padres ni madres y los personajes están en perpetuo conflicto, en el caso del niño es un mundo intensa y casi exclusivamente familiar, de absoluta integración de padres, hermanos y abuelos, y de amistad en la escuela y el vecinario.
Después de nueve minutos...
Pues bien, la doctora Lillard decidió medir la respuesta a ambas series en niños de 4 años.
Para ello cogió a sesenta de ellos y los dividió en tres grupos para una actividad de nueve minutos.
Unos, ver Bob Esponja.
Otros, ver Caillou.
Y el grupo control, dibujar.
Inmediatamente después sometió a todos los niños a las mismas pruebas de "función ejecutiva, definida", cuenta la revista médica Jano, "como una colección de habilidades que engloban la atención, la memoria, la resolución de problemas y el autocontrol, entre otras".
El resultado fue claro.
Los niños con peores datos fueron los que vieron Bob Esponja, mientras que los que vieron Caillou o dibujaron obtuvieron datos similares.
Asimismo, hicieron una prueba de impulsividad: dejaban a los niños solos ante dos platos, uno con dos dulces, otro con diez.
Si los niños hacían sonar una campana, entraba un adulto y podían comer del plato de dos.
Pero si esperaban al adulto en vez de llamarlo, podrían comer del plato de diez.
También en este caso, los niños que habían visto Bob Esponja fueron notablemente más impacientes que los otros dos grupos.
Los Simpson y Pat el cartero
Aparentemente, entre Los Simpson y Pat el cartero, serie que emite Clan TV (canal infantil de RTVE), no parece haber muchas similitudes.
Aquélla es una obra de un genio excepcional como es Matt Groening, y ha marcado un antes y un después en la historia de la televisión.
Ésta, una serie muy correctamente hecha pero que se olvidará antes o después.
Serie para adultos
Aquélla es una serie para adultos (sólo el formato de dibujos animados puede disimular ese hecho), ésta un producto claramente infantil, y para el área de edad más temprana.
Aquélla es ácida, sarcástica e irónica y busca provocar una reflexión en el televidente sobre práticamente todos los aspectos de la vida cotidiana y de la cultura contemporánea, desde una perspectiva escéptica que roza en ocasiones el cinismo.
Ésta es una serie absolutamente blanca y limpia, cuyo único objetivo es presentar a los niños historias muy simples con la finalidad de entretenerles un rato.
Puntos de contacto
Sin embargo, un análisis de las mismas descubre tres llamativos puntos de contacto que apenas se encuentran en ninguna otra producción televisiva.Por un lado, ambas representan comunidades tradicionales basadas en los arquetipos propios de la civilización occidental, tal como ésta se veía a sí misma antes de comenzar a autodestruirse.
En Los Simpson es una típica población del interior de Estados Unidos.
En Pat el cartero, una población rural de la Inglaterra idílica retratada al modo con que John Ford retrató la Irlanda rural e idílica en El hombre tranquilo, con John Wayne y Maureen O´Hara en papeles inolvidables.
Personajes característicos
Tanto la serie de la Fox como la serie de Woodland aparecen pobladas de personajes característicos (policías, profesores, maestros, tenderos) presentes en el inconsciente colectivo del televidente como propios de una sociedad normalmente constituida.
Las autoridades naturales (la paterna, la escolar, la que es propia de la ancianidad en forma de respeto) quedan siempre a salvo, con candor infantil en la serie británica, y a pesar de las puyas mordaces en la norteamericana.
Ninguna de las dos cae en el multiculturalismo: la población inmigrante mantiene sus costumbres adaptándose a la cultura a la que llegan, sin pretender el recorrido inverso.
Núcleo de la sociedad
Hay un segundo punto de coincidencia: la familia como núcleo de la sociedad.
En Los Simpson el matrimonio y la familia son lo único que, aun dentro del caos y desmadre a que se ven sometidos por los guionistas, permanecen como anclaje sólido de la vida.
(Como si aún viviésemos en los años cincuenta o sesenta, la familia rota de Milhouse Van Houten aparece como la excepción trágica.)
En Pat el cartero no se concibe otra cosa que lo que hoy llamamos «familia estructurada», como entorno propio del crecimiento y la educación.
La religión
Por último, está la forma desacomplejada en la que ambas producciones abordan la religión.
Las dos tienen su cura (ninguno católico, por cierto, aunque ambos inseparables de su alzacuellos) como parte cotidiana e imprescindible de la trama de la vida.
Son, eso sí, muy diferentes.
El reverendo Lovejoy, de mediana edad, está casado, tiene hijos y en cuanto a su fe, podría dudarse incluso de que crea en algo, a pesar de que hay un persistente empeño de los creadores de Los Simpson en mantener el papel social integrador de la religión.
El reverendo Timms, sin embargo, es un entrañable párroco anciano, no tiene o no aparece su esposa (se entiende que pertenece al anglicanismo más conservador) y es también un permanente punto de referencia como elemento social integrador.
No goza en la serie de la importancia de Lovejoy en la suya, pero aunque aparece poco, no se concibe la vida en el pueblo sin la presencia de sus característicos cabellos canos.
Esencia de Occidente
Ni en Los Simpson ni en Pat el cartero hay miedo alguno a mostrar la iglesia y la cruz como edificios y símbolos identificadores de la cultura en la que viven los personajes... y en la que viven los televidentes.
Son, en ese sentido, pequeños oasis que aún reflejan la esencia de Occidente: pueblos hijos de una fe que aún los vertebra culturalmente, y aún espera de los Lovejoy y Timms del barrio una autoridad moral y una bendición.